Ago 202012
 

“Nuestra gratitud al gobernador Gildo Insfrán será eterna, y lo afirmamos los más viejos en forma repetida para que los chicos de hoy se encarguen de que sea un mensaje que permanezca por siempre en nuestra comunidad”, afirman coincidentes varias mujeres wichí de la refundada Misión Pozo Yacaré, quienes acompañan a Dalmira Albornoz, que con su casi siglo de vida es todo un símbolo de la entereza de esta gente que durante décadas sufrió los embates de la naturaleza y de carencias estructurales que están quedando atrás.

Y se señala a Albornos porque es ella la viuda de Miguel Quintana, uno de los aborígenes fundadores de la Misión Pozo Yacaré original, que hace una década y media quedaba sepultada bajo las aguas del bravío rio Bermejo que en un par de horas socavó las costas y se llevó todo el poblado.
Pero los lugareños de esta comunidad situada a unos 75 kilómetros al sur de Ingeniero Juárez tienen al curso de agua como un “amigo inseparable”, fundamental para su sostén, es por ello que su éxodo fue kilómetros más abajo, pero siempre a la vera del río. Aunque las cíclicas crecidas nuevamente los situaron en zona de riesgo, es por ello que el 3 de junio de 2005, el mismo gobernador Gildo Insfrán asumió el compromiso de refundarlo en un sitio seguro, promesa que quedó escrita en un documento que fue colocado en una urna, la cual en el 2009 fue abierta cuando el mandatario haciendo honor a su palabra habilitaba la nueva urbanización, que justamente exhibe a la fecha signos de afianzamiento, aunque mucha de su gente siga ligado al Bermejo que ha quedado algunos kilómetros retirado.
Días pasados en el marco de la gira iniciada por el mandatario provincial, se habilitó una moderna escuela primaria, playón polideportivo, un jardín de infantes, un albergue para escolares, un puesto policial y viviendas de servicio. Asimismo entregaron aporte de herramientas a ladrilleros y textos escolares.
Fue allí que Dalmira, esta mujer que genera admiración, no titubea al exponer su “amor incondicional” al peronismo, y para demostrarlo se llegó al acto con una bandera del PJ y en más de una ocasión exteriorizó ante las autoridades y vecinos ese apego al justicialismo.
En ese marco, tanto Víctor Rojas, director de la escuela 420 como Lorenzo Quintana, miembro de la comunidad, coincidieron en agradecer al gobierno provincial por cumplir con la palabra empeñada de refundar la localidad que había sido arrasada. Incluso hasta los vecinos de la salteña comunidad de Fortín Belgrano, quienes se adhieren a estos actos con una delegación escolar (sobresale la enseña de la vecina provincia), reconocen y hasta con cierta admiración, cuanto ha progresado el lugar.
El nuevo pueblo se encuentra ubicado sobre una superficie mayor a la anterior, ya que dispone de una extensión de 3.374 hectáreas dentro del departamento de Matacos y dispone de 66 nuevas viviendas para igual número de familias de la etnia wichí. Además, el pueblo dispone de un potente grupo electrógeno para abastecerlos de energía.
Se realizó un trazado urbanístico con un mínimo equipamiento e infraestructura, además de las reservas de predios y avenida de acceso que conecta la ruta provincial con un lugar recreativo lacustre con la expresa finalidad de conformar, en un futuro, un verdadero centro urbano.
Junto a las polvorientas calles demarcadas se aprecia el transitar de ganado mayor y menor, dándole su particularidad pueblerina a la trama urbanística al lugar. Y son justamente las vacas y las cabras asiduos concurrentes a los espacios verdes que en un futuro serán una plaza o albergará la infraestructura que la comunidad requiera, dado que el estado proyecta acompañar el proceso de afianzamiento comunitario.

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