Dic 032012
 

Funcionarios locales y empresarios de la construcción recordaban el cambio significativo que produjo la nueva costanera de la ciudad y sobre todo evocaban el aspecto anterior a la obra , razón por la cual instaron a hacer memoria  para dimensionar en su justa medida el emprendimiento que dejó atrás esa realidad no tan lejana en la zona ribereña.

La referencia alude  a la zona del puerto viejo que al final de la rampa exhibía el pontón flotante en el que atracaron durante largos años los buques de la empresa naviera Dodero y las lanchas que de pasajeros que se encargaban de llevarlos y traerlos hasta los hidroaviones de Aerolíneas Argentinas.

Pero un poco más hacia el sector comprendido por las calles Fotheringham y Brandsen estaban los muelles por donde se movilizaban los guinches que se encargaban de las cargas de los barcos con mercaderías y hasta con automóviles que atracaban en ese sector para luego, antes de ser retirados, pasaran algunas horas o días en los galpones de la Administración General de Puertos, de los cuales solamente ha quedado de pié el C que se ha convertido en un centro cultural moderno.

Era un sector donde amarraban las canoas, lanchas y lanchones que procedían de las islas formoseñas o del Paraguay trayendo frutos y hortalizas que se comercializaban a bajo costo en la misma ribera hasta la que llegaban los compradores.

La observación de las gráficas en esta misma página sirve para que se tenga idea del desorden y la impulcritud de una zona en la que abundaban desperdicios y también lo que había quedado de los intentos por construir defensas contra las inundaciones y que sucumbieron a causa de los embates de las aguas del río Paraguay.

Se pueden ver vestigios de las vías del ferrocarril, el edificio de la Prefectura y toda la infraestructura edilicia que utilizaban los exportadores para realizar sus envíos por vía fluvial o ferroviaria hacia el sur del país o hacia el NOA.

De esa zona, de la que solamente queda el recuerdo, hay que rescatar el viejo pontón que después de más de 60 años después de habérselo instalado se tomara la decisión de reacondicionarlo a sus nuevas funciones cuales son las de atender el diario y creciente trafico vecinal fronterizo entre esta ciudad y Alberdi, Paraguay.

 

Para fin de año

Las autoridades locales destacan que la remodelación permitirá que la estructura flotante  gane  en seguridad y calidad en la atención de quienes se trasladan de un lado a otro de la frontera que demanda una travesía de unos quince minutos de lancha por el río Paraguay.

José Olmedo, director de Puertos de la provincia, informó que los trabajos están en casi un 90 por ciento de avance de obra y calcula  que la estructura podría estar operativa para fin de año nuevamente.

Reconoce que lo que  más tiempo demandó fue reparar la fundación de la estructura, que cuenta con  un doble fondo con cámara de aire para que el pontón pueda flotar, llamado también compartimiento estanco.

A partir de su rehabilitación se contará con seis sanitarios y oficina para el personal encargado de las tareas de mantenimiento y para el de SENASA.

Se suma a ello, una nueva boletería así como una rampa de ascenso y descenso de pasajeros a las lanchas de bandera nacional.

Es que el pontón siempre tuvo dos accesos, uno para los cuales corresponde para los que viajan  hacia Alberdi y otro para los que ingresan al país, modalidad aplicada para el desarrollo del tráfico vecinal fronterizo.

Un cambio real

En la actualidad, si bien es cierto que quedan vestigios de ese pasado ribereño y portuario, la construcción de la nueva costanera “Vuelta Fermosa” no solamente que ha recreado ese paseo que se desarrolla sobre la curva advertida por los buscadores de la tierra del plata sino que, además, atendió un paisaje íntimamente ligado a la identidad de los formoseños.

Ha sido, sin dudas, uno de los mayores aciertos de las actuales autoridades que han conseguido que el formoseño volviese a ponerse de frente a su río por el  que navegó el vapor Resguardo con Luís Jorge Fontana y las familias fundadoras que recalaron aquí el 8 de abril de 1879 para fundar la villa, el origen real de la capital formoseña.-

 

 

 

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